Nos conocimos cuando menos lo esperábamos. Un “Sí” disfrazado de “pero solo como amigos” —de esos que te cambian los planes y te dibujan otros nuevos.
Una partida de bolos que nunca llegó a jugarse, un libro, algunas preguntas existenciales mientras intercambiábamos cacahuetes, y un salto al vacío en forma de confesión sincera fueron los causantes de que 6 años después vayamos a decirnos…
“¡Sí quiero, para siempre!”